El Camino de Santiago se prepara para vivir uno de esos momentos que trascienden lo cotidiano y quedan grabados en la memoria colectiva de los peregrinos. El próximo 20 de junio tendrá lugar una despedida muy especial en honor a Tomás de Manjarín, conocido como el “último templario del Camino”, una figura profundamente querida por miles de caminantes de todo el mundo.
Hablar de Tomás es hablar de una forma única de entender el Camino. Durante décadas, este hospitalero convirtió el pequeño enclave de Manjarín, en pleno Monte Irago, en mucho más que un simple refugio. Su presencia, su estilo austero y su hospitalidad sincera marcaron a generaciones de peregrinos que encontraron allí descanso, conversación y, en muchos casos, una experiencia transformadora.
El homenaje tendrá lugar en uno de los puntos más simbólicos del Camino Francés: la Cruz de Ferro. Allí, a las 12:00 horas, se celebrará un acto sencillo pero cargado de significado, con una oración en su memoria. No será una ceremonia solemne al uso, sino un encuentro fiel al espíritu que siempre defendió Tomás: cercanía, humildad y comunidad.
Tras este primer momento, los asistentes recorrerán a pie el tramo que separa la Cruz de Ferro de Manjarín, apenas unos 2,3 kilómetros. Sin embargo, ese trayecto se convertirá en algo más que una caminata: será un último acompañamiento simbólico, un gesto colectivo de despedida hacia quien dedicó su vida a cuidar del peregrino.
Ya en Manjarín, el acto culminará con uno de los momentos más emotivos: el sonido de la campana del refugio resonará por última vez en su honor. Posteriormente, sus cenizas serán depositadas en este lugar tan especial, el mismo donde Tomás construyó su legado y donde quiso permanecer para siempre.
La convocatoria está abierta a todos. No se trata de un evento cerrado, sino de una invitación a cualquier persona que haya pasado por el Camino o que sienta una conexión especial con él. Se espera la presencia de peregrinos de distintas nacionalidades, reflejo del impacto que Tomás tuvo más allá de las fronteras.
Además, tras la ceremonia, se compartirá una comida entre los asistentes, manteniendo ese espíritu de fraternidad tan característico del Camino de Santiago. Porque si algo definía a Tomás era precisamente eso: la capacidad de reunir a las personas, de crear comunidad incluso en los lugares más inhóspitos.
Tomás de Manjarín no fue solo un hospitalero. Fue un símbolo de hospitalidad auténtica, de compromiso y de humanidad. Desde su llegada a Manjarín en los años 90, cuando el lugar estaba prácticamente abandonado, dedicó su vida a ofrecer refugio y ayuda a los peregrinos en uno de los tramos más exigentes del Camino.
Su legado sigue vivo en cada historia compartida, en cada peregrino que recuerda su paso por aquel refugio singular. Esta despedida no es solo un adiós, sino también un reconocimiento a una vida entregada al Camino.
El 20 de junio, el Camino de Santiago se detendrá por un instante. Y en ese silencio, resonará la memoria de uno de sus grandes guardianes.
